martes, 18 de marzo de 2014

Ooh La La





Ooh La La


Les presento mi primera (1998) y última fotografía (2013) de la emblemática estatuilla realizada para la Exposición Universal de 1889 que representa los sueños y anhelos de varios a través de los últimos siglos, me incluyo. En mi historia, que es antigua pero no tanto, todo comenzó a un paso muy reservado como un premio de haber terminado una etapa escolar que me hizo vender mi coche para cruzar ese gran "charco" de 12 horas y llegar a uno de los lugares más visitados en el mundo: París. Ahí estaba, entre los 15 millones y cacho de turistas que acuden anualmente a la ciudad de la luz. Con grandes expectativas tuve varias experiencias: mi hermana que llegó de sorpresa se rompió la pierna, me secuestraron el día de mi cumpleaños y el dinero, por supuesto, se me acabo antes de lo deseado. En mi necedad me las arreglé para quedarme más tiempo y entonces empezaron a pasar cosas buenas: viajé más de lo esperado, aprendí un poco de francés (y de un francés también), estuve inesperadamente en una fiesta de un medio televisivo local muy socorrida sobre un barco en el Sena y de lo más divertido que sucedió fue ver a mi hermano en el restaurante Jules Verne ubicado dentro de la Torre Eiffel, mezclar un vino blanco con un tinto frente a la mirada del sommelier quién se entregó al inicio de la cena para recomendarnos lo más adecuado. Sin quitar mérito al glamour, la variedad y la fusión culinaria que existe en esta ciudad, mi mejor recomendación al respecto sería algo que los mexicanos conocemos como fonda. Esta “fonda francesa” llamada Chartier en donde encontrarás una original, exquisita y excéntrica variedad de comida francesa está en una zona que no es muy visitada a pesar de su cercanía a la Opera, pero en donde también puedes encontrar pasajes turísticos entre los edificios que te van a sorprender. Volviendo al inicio imaginario, solo les puedo compartir que de la primera imagen a la última han pasado demasiadas cosas que nos forman para seguir viendo a los mismos objetos de diferente manera, y no solo porque la primera toma es análoga con un lente 50 y la última digital con un gran angular, sino que el ojo y el referente cambiaron en su totalidad. No dejes de volver a tus lugares preferidos aunque haya pasado mucho tiempo, es muy satisfactorio verte crecer frente a ellos.

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